‘Cupido’ anda en bicicleta

 

Foto de Héctor Fabio Zamora (Casa Editorial El Tiempo)

Foto de Héctor Fabio Zamora (Casa Editorial El Tiempo)

Un joven de 35 años se roba suspiros y miradas con sus flores de papel en el norte de Bogotá.

Por las calles del barrio El Chicó zigzaguea Mauricio Lozano, en su bicicleta, con un ramo de flores de 70 kilogramos y dos metros de largo.

Sudando por el peso de su ‘carga larga romántica’ al hombro, atraviesa la ciudad para enamorar o disolver peleas ajenas con sus rosas y girasoles.

Visita la localidad de Chapinero por lo menos tres veces a la semana, luego de salir de su taller, en Villa Luz (Engativá), y se presenta con frases como “si no la mata, la deja herida”, entre los hombres, o “¿Tú no vienes a una cita a ciegas?”, entre las mujeres.

Mauricio se divierte con las expresiones de ellas cuando ven el ramo: “Dicen ¡ahhhhh!, como si las apretaran de algún lado”, relata.

Casi siempre transporta las rosas, girasoles, cartuchos, orquídeas o lirios en su ‘caballito de acero’. Pero si debe salir en días de lluvia, usa TransMilenio, o bus para que no se estropeen sus flores de papel.

Y en su ruta de domicilios por el norte, prefiere las carreras 15 y 11. Sin embargo, quisiera que existieran más ciclorrutas en la ciudad: “La 15 es muy difícil para andar entre los carros. La 11 es un alivio, pero es muy complicado usar la ciclorruta de la carrera 13, porque mucha gente se atraviesa”, afirma.

Él estudió publicidad y mercadeo en la Corporación Universitaria Unitec, en la calle 76, y se asombra porque “mucha gente me conoce. Saben que hay un muchacho que reparte flores, pero no saben que soy yo”, manifiesta.

Amor platónico

Mauricio, de 35 años, no sabe si hablar o no sobre cómo surgió la idea de los ramos gigantes de flores a domicilio. No se decide. Su novia podría molestarse. “La primera flor la hice con un palo de escoba que le robé a mi mamá”, comienza a contar con picardía.

Luego, relata su intento fallido de conquistar a una compañera de colegio con regalos creados por él mismo. “Yo le dije a la chica, ‘tú vas a ser la única que va a tener una flor gigante'”, recuerda con un tono dulzón y de burla.

Dos años después de estar tras su corazón, su hermano lo convenció de hacer lo contrario. Y resolvió, por esa época, montar su negocio y “llenar la ciudad de flores para que a donde vaya se acuerde de mí”, narra.

El amor por esa mujer sólo fue platónico. Nunca resultó. Hoy la novia de Mauricio es su cómplice en prestar el servicio de flores a domicilio.

Mauricio se disfrazó como Papá Noel las dos navidades pasadas, con sus flores a cuestas, y causó euforia entre los niños en la zona T y en la plaza de Usaquén. Además, presta servicio de serenata ‘rapel’ (una persona baja por la pared para entonar canciones románticas).

Si usted desea ponerse en contacto con él, puede agregarlo en Facebook: Mauricio Flores Gigantes.

Nota publicada en El Tiempo Zona y en El Tiempo en febrero de 2011

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