¿Despechado? Escríbale a Julieta Capuleto

Julieta recibe diez mil cartas por año. Foto cortesía del club

Julieta recibe diez mil cartas por año. Foto cortesía del club

Aunque no responda a la velocidad de un tuit o un mensaje instantáneo, la mísmisima Julieta Capuleto se ha convertido en Doctora Corazón.

Supongamos que Julieta Capuleto no se despertó en el siglo XIV para ver a Romeo muriendo a su lado en un cementerio en Verona. Supongamos que nuestra Julieta se despertó en el año 2016 para verse rodeada de declaraciones de RoMEo por Whatsapp o Facebook messenger. O mejor, supongamos simplemente que murió como sabemos y su espíritu recorre Verona (Italia) este enero de 2016.

Julieta añoraría las paredes del corredor de la casa de su infancia, ahora sucias y pintadas con nombres de extraños o “ti amo” entre corazones; luego, frente a los candados del amor que invaden puentes en Europa y además su casa, exclamaría: “¡ay, de mí!, ¿pero qué es esto?”. Y, desactualizada también en tecnología, no entendería por qué cientos de desconocidos le sonríen a la cámara o al teléfono con el paloselfie, mientras le tocan el seno derecho a una estatuta extrañamente similar a ella; Julieta desconoce que poner la mano en la zona donde ella se clavó la daga en teoría atrae la buena suerte.

Luego en el patio, Julieta empezaría a preguntarse por qué la gente compra postales de su casa y por qué hay un buzón y unas galletas de chocolate con su nombre -“Baci di Giulietta”, los besos de Julieta-. Y solo sería consciente de su fama en cuanto recorriera las exposiciones de su casa- museo: hay vestidos y escenografía de la película Romeo y Julieta de 1968, ilustraciones de la muerte de ella y su Romeo; y también en el único balcón, mujeres y parejas se turnan para posar como si fueran los desdichados amantes.

Sin embargo, el descubrimiento más insólito para el espíritu de Julieta en Verona sería la comitiva de secretarias que responden miles de cartas por ella en su club, el club di Giulietta. Allí diez veronesas y otro tanto de extranjeras consuelan por escrito corazones rotos como si fueran la heroína de Shakespeare en persona.

Elena es una de las diez secretarias veronesas. Y dice que si Julieta viera el trabajo de ella y sus compañeras, a la joven la asombraría la cantidad de cartas provenientes “de todo el mundo, todo el año -explica-. Pero estoy segura que la asombraría más el que respondamos a todos los mensajes, en varios idiomas. Julieta seguramente nos felicitaría”.

El fenómeno no es nuevo. Según información de la página Web del club, las primeras cartas aparecieron en la tumba de Julieta en los años 30. Y desde que Ettore Solimani, el custodio de la sepultura, respondió esa primera correspondencia las cartas no paran. Ahora el equipo recibe unas diez mil por año.

Aun en tiempos de levantes y ‘matches’ por Twitter, Facebook, Whatsapp y Tinder, Julieta recibe e-mails y correos. Y los amantes o despechados, seguramente acostumbrados a la inmediatez de Internet, deben esperar con paciencia la respuesta; especialmente si su carta llega en verano o en San Valentín. “Son tantas -en esa época-, que la respuesta puede tardar meses”, dice Elena.

En 2010, la película Cartas a Julieta retrató el fenómeno de la correspondencia. Entonces la gente dejaba sus escritos entre las ranuras de las paredes de la casa de Julieta. Pero la cantidad de mensajes se salió de control y debió dañar la fachada: ahora quien pinte o intervenga los muros debe pagar su astucia o ingenuidad con cárcel o una multa de más de mil euros. Por eso hay buzones disponibles para escribirle a la heroína en su club, en su casa o en su tumba.

Fotos cortesía del Club.

Basta con escribir en el sobre: “Julieta, Verona”. Su carta no se perderá.

De Colombia no llegan muchas cartas. Dice Elena que el año pasado solo respondieron a 30 de nuestro país. “El contenido era el mismo de siempre: la búsqueda del verdadero amor, amores que se han acabado, problemas de adolescentes, amores felices, y así”, comenta.

Elena dice que los remitentes de otros países escriben sobre todo en “inglés, español, alemán, japonés, portugués, italiano y también ruso”. Y en menor cantidad en polaco, chino, húngaro, finlandés, hebreo, árabe, coreano, griego y esloveno. Tanto las italianas como las voluntarias extranjeras -que viajan a Italia para estudiar en la universidad  o hacer el voluntariado con el club-, responden en su lengua nativa siempre buscando dar un mensaje de “consuelo, esperanza y solidaridad”, dice Elena.

Verona, con Romeo y Julieta -que a propósito, fue adaptada por William Shakespeare con base en la historia de un italiano- parece la ciudad de los amores imposibles y trágicos. En el centro de la ciudad hay un pozo (Il pozzo dell’amore) al que supuestamente se arrojaron dos jóvenes en el siglo XVI. La leyenda -publicada en la página de Turismo de Verona- dice que el guardia Corrado di San Bonifazio intentaba conquistar a Isabella, quien no parecía corresponder a su amor. Un día, Corrado le dijo a Isabella que ella era tan fría y gélida como el agua del pozo. Entonces ella lo retó y le pidió que saltara al fondo para comprobar. Corrado obedeció sus órdenes ese frío febrero. E Isabella, que realmente amaba a Corrado sin saberlo, saltó detrás de él.

Tal vez de esos amores imposibles y amores verdaderos trágicos mane la inspiración de las secretarias de Julieta en Verona, o quién sabe si el mísmisimo espíritu de Julieta les ayude a componer sus mensajes de afecto.

Nota publicada en la revista Shock el 23 de enero de 2016.

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