Bajo las catacumbas de Praga

En un misterioso laboratorio subterráneo del corazón de Praga, se destiló el elíxir de la Eterna juventud hace más de cuatro siglos. Hoy se vende una versión sin opio para tomar con el desayuno.

Praga encanta con su versión de torre Eiffel (la torre de Petřín), los jardines reales, el castillo sobre el río Moldava y las terrazas donde se ofrecen cervezas o limonadas caseras con flor de sauco (bezinkovy sirup).

Y su reloj astronómico animado del siglo XV, al igual que las torres, los monumentos y castillos parecen hablar de cuentos de hadas.

Ese aire mágico no es fortuito. Bajo las callejuelas que miles de turistas recorren a diario, entre la plaza central y el castillo, hay un laboratorio donde se prepararon pócimas y elíxires para el amor y la vida eterna hace más de cuatro siglos. Se llama Speculum Alchemiae(Espejo de la Alquimia) y es un museo.

Primer laboratorio, con horno original

Primer laboratorio, con horno original

Puede que incluso el rey Rodolfo II, en el siglo XVI, usara los pasillos subterráneos entre esa casa y el castillo para visitar a los alquimistas de su corte, quienes preparaban ‘Eros’, una pócima de amor para él y su amante. De color rojo oscuro, este elixir “tenía que oler y saber como vino tinto, para que los amantes no descubrieran que en realidad estaban tomando una poción (a base de la hierba abrojo, un viagra natural)”, comenta una de las guías del museo.

‘Eros’, el elixir de la Eterna Juventud y ‘Memos’, una poción para la memoria, hoy se venden y exhiben en el umbral de la casa: han sido embotelladas a la antigua con cera o con tapones de madera y están dispuestas en armarios oscuros que cubren las paredes, como si estuviéramos a finales del siglo XVI. En ese caluroso vestíbulo donde hoy burbujea alguna poción, se vendían los “milagrosos ungüentos médicos y pociones”, dicen los registros del Speculum Alchemiae.

Las recetas de estos elíxires se mantuvieron ocultos por siglos hasta hace un par de años. Si no hubiera sido por las fuertes inundaciones de 2002 en Praga -cuyas víctimas fueron más de una decena de animales del zoológico, 17 personas, así como el sistema de metro y parte del patrimonio cultural de la ciudad-, los secretos de este laboratorio habrían muerto con los alquimistas.¿Será que, como sugiere la guía, la buena energía de los brebajes sumada a la lluvia abrió un hueco en donde se había ubicado uno de los túneles?

Con magia o sin ella, en 2002 se hallaron bajo tierra alambiques y recipientes del siglo XVI, así como “las fórmulas de los elixires, tras el colapso de una pared”, cuenta la guía checa en un recorrido por los tres húmedos y oscuros laboratorios. Y agrega, “seguramente hay otros secretos escondidos, pero no estamos buscando más recetas por ahora”.

En el primer laboratorio, ocupado por un horno de barro piramidal, se destilaba el elixir de la Eterna Juventud a base de cardo, la planta del opio y otras 75 hierbas. En el segundo se realizaban experimentos para la transformación de metales en oro y en el último se secaban hierbas en el techo y se almacenaba el combustible de los hornos.

Los alquimistas escondieron bien su trabajo cuidándose de no morir en la hoguera o en la horca en tiempos de la inquisición, y a eso se debe el hallazgo tardío del laboratorio. “El Papa estaba en contra de la fascinación del rey Rodolfo por la alquimia”, explica la guía. Solamente hasta hace una década los símbolos de los cuatro elementos esenciales para los experimentos alquimistas, tierra, agua, fuego y aire, aparecieron como una revelación en las paredes durante los trabajos de restauración de la casa.

¿Y por qué el edificio donde está el laboratorio no fue demolido junto a las otras construcciones del Barrio Judío en 1900, a pesar de haber estado incluido en los planes de renovación de la zona? ¿Protección mágica? Otra suposición del museo es que el rabino Judah Loew habría trabajado en este laboratorio en la creación del golem, un ser de arcilla abominable que protegía al gueto judío de ataques antisemitas y que habría dotado de inmunidad a Speculum Alchemiae.

¡Qué decepción se llevarían los religiosos de la inquisición si supieran que los monjes benedictinos preparan ahora los elíxires de este museo!

Publicada en la Revista Libros y Letras, el 7 de octubre de 2016

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