La bitácora de una polaca en la costa Caribe

La Pola, heroína. La pola, cerveza. La ‘pola’, polaca en versión costeña. Magdalena Borowska aterrizó en Barranquilla el 5 de julio de 2012 y regresó a Poznań, en el oeste de Polonia, 54 días más tarde, con el estribillo “en Barranquilla me quedo” en la punta de la lengua y el mote de la ‘pola’.

Casi dos años y medio después de su viaje, la ‘pola’ sigue amando Colombia. Y aunque no podría vivir en los 34 grados centígrados de Barranquilla, sí le gustaría despertarse en medio de su calor sofocante una vez a la semana “en un cuarto con abanico”, o comer arroz con yuca, papas y pollo –“una mezcla extraordinaria”­, refrescarse con jugo de zapote, admirar a los cantantes y vendedores ambulantes de Sobusa, y rumbear.

Para sentirse como en su tierra querida, Magda escribe en polaco sobre Colombia. En su blog Kolumbijskie ABC (Abecedario colombiano), en Facebook y en Blogspot, está creando un “calendario” con palabras, lugares y expresiones colombianas. También trabaja para la Revista española, publicación educativa dirigida por un colombiano, traduce noticias sobre Colombia para el medio virtual Republika Kolumbii y colabora con el blog Iberoameryka, una página estudiantil polaca.

Magdalena Borowska en Poznan, Polonia, con su bandera de Colombia

Magdalena Borowska en Poznan, Polonia, con su bandera de Colombia

Por Kolumbijskie ABC, en Polonia están aprendiendo desde mayo de este año qué es salchipapa, abanico, raspao, iguana o cachaco, palabras que ella escuchó en la costa y está en “un cuadernito pequeño, donde lo apuntaba todo, porque me sentía bombardeada de nombres nuevos y no sabía conectarlos con objetos, con frutas, eran demasiadas cosas”.

Flechada por Colombia

Magda llegó a Colombia por el concurso universitario ‘Stypendium z Wyboru’ (Beca por elección). Los votos virtuales de 400 personas que le dieron un “Me gusta” a sus videos ­en polaco y en español ­ sobre su amor por Colombia y Barranquilla, le merecieron 5 mil zlotys polacos (unos 3 millones de pesos) para comprar “los tiquetes más caros posibles” y su primer viaje en avión.

La ‘pola’ tenía 20 años cuando viajó a Barranquilla y ya había acuñado la experiencia de hablar español después de un año de Filología Hispánica en la universidad y otros tres en la escuela secundaria, en un instituto privado, y por internet con hispanohablantes de Colombia, México, Perú y Argentina.

Para viajar a Colombia, Magda fue en carro hasta Varsovia, voló de Varsovia a Frankfurt, de Frankfurt a Bogotá ­en donde perdió un avión por los trancones­ y de ahí a Barranquilla. En lugar de llegar cansada a la arenosa, estaba emocionada. Pero “no entendía la mitad de lo que decían, era difícil. Hablaban muy rápido”, dice.

En Barranquilla, la ‘pola’ se hospedó en la casa de un ‘Willie’, amigo de la Jornada Mundial de la Juventud que conoció por internet. Su familia y la de él, así como “los vecinos, (…) y los vecinos de los vecinos” acordaron con ella la visita por Skype. Gracias a sus anfitriones aprendió a bailar en casa vallenato, merengue, salsa y reguetón, “aunque eso no tiene pasos”, y se subió a una chiva rumbera. Además descubrió las fuentes de inspiración de nuestro Nobel: “Era una aventura ir por los pueblos que parecían como de García Márquez, a veces sin asfalto (…) la gente a veces no sabía cómo llegar a un sitio y resultaba que era a la esquina, era muy gracioso”, recuerda.

Para el futuro, la ‘pola’ tiene planes de pasear por Bogotá y sus alrededores, estudiar en Colombia y, como si fuera poco, aprender a tocar el acordeón. ¿Qué tiene nuestro país? “Siempre lo digo y pienso que es la gente. Muy simpática, muy amable, acogedora, que te da casi todo lo que tiene aunque sea poco, y muy directa también”, responde.

Mientras llega la oportunidad de regresar, Magda atesora en Polonia una bandera amarilla, azul y roja, un sombrero vueltiao, un libro sobre la historia y la literatura colombiana y su pequeña libreta en clave de costeñol con los recuerdos de los 54 días que estuvo en la costa Caribe.

Las expresiones de su blog

Estas son algunas de las expresiones, con su respectivo significado, que Magda recoge en su blog en polaco.

Ñerda. “Es la versión suavizada de mierda” dice Magda­. “Es más fácil de pronunciar que mierda, porque haces menos esfuerzos: tienes m­i­e, más larga, y ñ­e, que es más simple. Hay muchas ocasiones para usar esta palabra. Por ejemplo: Venezuela le metió un gol a Colombia. ¡Ñeeeeerrrrrda!”

Eche: “usada para expresar sorpresa o decepción. Deriva de leche o ¡qué leche! Pero la pregunta es por qué leche y no pan, o té, u otra cosa. Otra teoría menos popular dice que eche es la combinación de expresiones como erda y chévere. Un amigo colombiano dice que nadie sabe qué significa eche, pero que lo es todo”, escribe Magda.

Bacano: “es una palabra absolutamente necesaria para quien planee viajar a Colombia. Hay una regla simple para usarla: cuando no sabes qué decir, di que esto o aquello es bacano, ¿por qué? Primero, porque los colombianos pensarán que es verdad y segundo, te agradecerán que hayas aprendido su jerga. Para sonar aún más natural, puedes decir ¡uy qué bacano!”

Naranjas: “significa no. A los costeños les gusta jugar con las palabras, y crear nuevas expresiones. Aparentemente esta expresión naranjas ya no es muy utilizada, pero me sorprende que usen la palabra naranja, que también es una fruta, para decir no. Tal vez es la combinación de nah (no), y ranjas, a modo de broma. Lo interesante es que, generalmente, conforme el lenguaje evoluciona, las palabras se hacen más cortas, pero en este caso, la palabra se alargó”.

Flaca: “En Polonia nos gusta llamar a la gente ranita, osito y gatito, de cariño, en cambio en Colombia se usa flaca, gorda o negra”, ­reflexiona Magda en su blog­. Esas palabras a veces pueden sonar como insultos pero no lo son. No necesariamente reflejan cómo se ve una persona; gorda no se lo dices siempre a una persona que es gorda. Flaca, gorda o negra se la dices a un amiga, o a una persona que te cae bien”.

Jopo: “Sustantivo: trasero. Adjetivo: algo malo o de mala calidad. Esta palabra la aprendí en una fiesta en un bus. El grupo tocaba cumbia, vallenato y mapalé. A mis amigos colombianos no les gustó el grupo y mis amigos decían que era un jopo. Al regresar a casa, escribí la expresión que aprendí esa noche en mi libreta. Después, una amiga me dijo que esa palabra puede ser también un sustantivo”.

Esta historia fue publicada en la revista colombiana Caribe Explora, en la edición de febrero-abril de 2015.

Una versión de este texto también se publicó en el periódico bilingüe Polska Viva, en febrero de 2015

También fue publicada en el Home de El Tiempo, el 21 de marzo de 2015 y estuvo entre las cuatro notas más leídas del portal (en la mañana del 22 de marzo). 

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 Además, estuvo entre las diez historias más compartidas el 21 de marzo:

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