No quieren irse de Útica

Aunque la CAR anunció que el municipio se debe reubicar a 20 años, los uticenses prefieren convivir con el peligro.

Tienen a la mano la maleta de ropa, sus botas, su documento y linterna en caso de emergencia. Aprendieron a leer las crecientes del río Negro y la quebrada Negra, en Útica (Cundinamarca) y ni la avalancha ocurrida en abril del año pasado ni el próximo invierno los ahuyenta. Pensar en buscar otro lugar dónde vivir no está en sus planes.

Pese a las advertencias de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) sobre la reubicación a 20 años del municipio debido a los fuertes inviernos que ha sufrido, sus habitantes descartan la opción de refundar Útica: es su casa y allí se quieren quedar.

“¡Ni que lo sueñen! De aquí no se va nadie. Yo no le tengo miedo al invierno. Uno aprende a vivir con esto”, comenta con enfado Honorio Beltrán, habitante de Útica hace 80 años.

¿Por qué ese apego a Útica pese a las alertas de la naturaleza? La mayoría de sus habitantes dice que es “muy amañador”. Willington Beltrán, periodista, relata: “Es difícil que la gente se vaya. Tiene su encanto. No hay que coger buses pero se puede ir a trabajar a caballo, en moto o en bicicleta. Tampoco hay inseguridad”.

Foto de la plaza tomada por Luis Lizarazo (Casa Editorial El Tiempo)

Foto de la plaza tomada por Luis Lizarazo (Casa Editorial El Tiempo)

El municipio ya tiene 150 años y está rodeado por afluentes de agua que son su mayor amenaza en temporada de lluvias. La quebrada Negra causó una avalancha y una inundación en abril de 2011, tras arrastrar por su cauce un deslizamiento producido en la quebrada La Chorrera, uno de sus afluentes. A su paso, agua y lodo se llevaron el puente del ferrocarril –antiguo paso peatonal–, la escuela y el colegio y 120 viviendas.

Los uticenses le atribuyeron el desborde de las aguas a la falta de dragado. Por eso se preguntan si no será mejor dragar de forma constante el río, en vez de trasladar su pueblo. La CAR dice que no. “El riesgo es inminente y latente”, señala el director de la CAR, Édgar Bejarano. “Si uno saca material, el río vuelve y lo llena. A mediano plazo es más costoso hacer las obras que la reubicación”.

Faltan baños en el colegio

Tras la avalancha de 2011, que inundó de lodo el colegio y la escuela del municipio, los niños de preescolar, primaria y bachillerato tuvieron que trasladarse a estudiar bajo carpas, primero, y luego, bajo aulas prefabricadas que están sobre la antigua línea del tren.

“Aquí hubo problemas sanitarios, problemas de leishmaniasis por los charcos que había en los salones”, indica Miguel A. López, rector del colegio Manuel Murillo Toro.

Aunque en estas instalaciones provisionales no hay electricidad, el verdadero drama ha sido la escasez de baños. Hasta la mitad de año de del 2011, los estudiantes no tenían dónde hacer sus necesidades. Según cuenta López, tuvieron que recurrir a una jornada corta, que iba de 6:45 a.m. a 10 a.m.

Con la llegada de 16 baterías de baños portátiles (la mitad para las niñas y la otra mitad para los niños) se dio una solución temporal. Sin embargo, “necesitamos otros cuatro más”, añade el rector. Por ahora los horarios de descanso están repartidos para el uso de los sanitarios.

A mitad de marzo llegará una unidad sanitaria con “cuatro lavamanos, cinco baños y tres urinales. Nos va a servir mucho más a un menor costo”, comenta López.

En un año o dos, se planea trasladar el colegio a un sitio de estabilidad geológica y no inundable, con una inversión de 1.050 millones de pesos. Para López no hay tiempo qué perder porque “estamos en la ronda de la quebrada”.

‘Pedimos que haya una mayor inversión’: Alcalde

“La idea de la reubicación es un poco temeraria”, dice Gabriel Hernández, alcalde de Útica. Él pide, mejor, “que haya defensas que sean confiables mientras podamos vivir acá”.

Desde que comenzaron las obras en el río Negro, en septiembre pasado, el nivel del agua no ha bajado para hacer los trabajos. “Está a tres metros de altura. Continúa lloviendo en la cabecera y no nos deja mitigar”, indica. Así, bolsas de concreto que ya habían puesto como barrera se las llevó el agua.

El alcalde sugiere que haya una mayor inversión para las obras. “Necesitamos dos bulldozer para echar el río hacia un lado, para hacer jarillones” y así poder encauzar el río.

El monocultivo de caña y la ganadería en la cuenca del río Negro, de acuerdo con Hernández han desprotegido al municipio. “Se presenta mucho deslizamiento por esta razón”, asegura.

Deslizamientos por la erosión

“A mediano y largo plazo hay que hacer un plan de reforestación en zonas altas y sustituir el sistema de cultivo. El cultivo de caña es el culpable de todo esto, porque erosiona el suelo”, dice Miguel A. López, rector del colegio de Útica.

Nota publicada en Diario ADN Colombia en febrero de 2012.

 

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