Lidiar con el sofoco del verano en bicicleta (o cómo no transformarse en vampiro)

¡Ah! ¿Cómo no pedalear en clima cálido, bajo la sombra de los árboles y con la brisa en la cara?

¿Cómo no seguir amando la ‘bici’ si los tranvías y buses no tienen aire acondicionado y yo voy fresca gracias a mi sombrero?

La experiencia me había probado que pasear en ‘cicla a una temperatura de 30 grados por quince o veinte minutos era preferible a sudar y derretirme en la silla del tranvía o del bus. Y hoy seguiría abogando por usar la bicicleta en verano, si no fuera porque la ola de calor me demostró que es pésima idea montar en ella cuando el termómetro marca 37 grados, incluso si el destino es la piscina.

Me explico. A falta de playa, el viernes quise ir a una laguna apta para el baño, a diez kilómetros de donde vivo. En los primeros veinticinco minutos de viaje ni la ‘bici’ ni yo habíamos sentido aún el aire abrasador de las cinco de la tarde y estábamos optimistas. A los siete kilómetros, sin embargo, empezamos a perder el impulso por el sofoco. No había árboles dónde resguardarnos del sol, el agua tampoco renovaba nuestras energías y el sillín estaba hirviendo.

Ya en la laguna Glinianki conseguimos enfriarnos y estábamos contentas con el reto cumplido. Sin embargo, los siguientes días tuve síntomas de estar transformándome en vampiro (o de tener un guayabo causado por el ejercicio). No soportaba la luz del sol ni del computador, ni siquiera en espacios cerrados, me costaba expresarme en otro idioma y perdonarán si soy muy gráfica, pero sentía como si el cerebro se me quisiera salir por los ojos o por la nariz -serían los colmillos de vampiro que venían en camino-.

La ‘bici’, en cambio, estuvo bien. Ella sufre en invierno y yo en verano. Aunque no sé si el reciente crac-crac de la cadena en las subidas se debe a la falta de aceite o a la falta de lluvia. Eso sí, la pobre necesita un baño.

El pronóstico del tiempo predice que habrá más días de sofoco y bochorno. Para no terminar convertida en Drácula o un personaje de Crepúsculo, he aplicado los consejos de otros ciclistas: salir de casa antes de las nueve de la mañana, o más temprano; usar gafas de sol, sombrero y bloqueador solar; hidratarme antes, durante y después; andar sin afanes y usar ropa fresca.

Sobre este último punto, y si usted es mujer, una bloguera escosesa y sus amigas descubrieron un método para llevar faldas o vestidos y no hacer exhibicionismo en plena calle. El truco es el siguiente: busque una moneda y un caucho (puede ser para el pelo), ponga la moneda en la parte trasera de la falda, empújela hacia adelante, asegúrela con el caucho, cuidando de tomar también tela del frente (vea el video). O si no le atrae mucho esta idea, puede comprar la versión más sofisticada aquí.

Aún no he logrado descifrar cómo lidiar en cicla con el aire caliente de la noche o de la tarde, de regreso a casa. Recibo sus consejos con gusto.

Entre otros: ¡Qué bien que el proyecto de incentivos para quienes andamos en ‘bici’ no se haya quedado solo en el Concejo de Bogotá! Ayer fue radicado como proyecto de Ley en el Congreso.

Nota publicada en el (desaparecido) blog Yo prefiero la ‘bici’, de ADN Colombia, el 12 de agosto de 2015

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